Karma perruno, y la piel es papel…

De pequeño tuve un accidente en bici… Rodaba por un camino de barro en la Colonia Tovar, uno de esos días bastante nublados. Esos días me había portado bien con uno de los perros de la casa, y él (Troz se llama… El nombre viene de Zort dicho al revés) había decidido acompañarme en mis aventuras. Eran unas vacaciones largas, de junio a noviembre, mientras empezaba las clases en la universidad.

La rodada en cuestión era un ascenso de 500 metros en un recorrido de unos 2 Km, y de ahí, el plan era bajar hasta Puerto Maya, en la costa, tomar un agua de coco y regresar. La salida era a unos 1300 msnm, y en la costa se que hacía mejor clima, ya me habían pasado el dato. Supuestamente la subida caminando son unas 5 horas, así que si salía en la mañana, podía regresar en la tarde sin que nadie me extrañara demasiado.

Comencé a subir despues de las 11. Mi abuela tenía planeado entretenerme con oficios, creo que ella sospechaba de mis planes xD yo podía jurar que las piernas me gritaban que escapara y me picaban de hecho. Literalmente me picaban de la emoción. Cuando pude, tome mi bici, mi thermo, y salí.

Comencé a subir, concentrado en ese sonido del aire, en las gotitas de neblina en la cara, en trance, apenas si había rodado un kilómetro, y podía sentir mis piernas en combustión y mi ropa remojada. Para mi era un paisaje viejo y por mucho, recorrido. Si había algo nuevo ahí era yo. Troz iba de aquí a allá orinando tanto troco como conseguía, y eventualmente algún Willy me sacaba del trance. Todos están pendientes de todos cuando vives en una zona de 400Km2 dónde viven 30 personas.

Llegué a la Cueva de la Burra a recargar agua, otro Willy, y luego a la Curva del Eco a presentar saludos al valle. Cuando llegan visitas se detienen en ese sitio, y gritan a todo pulmón, para avisar que vienen llegando. Y el eco se escucha por todo el valle… si se grita con suficiente fuerza. Seguí subiendo.

Recojí mini-fresas y moras en el camino, y despues de no mucho tiempo, mis piernas decidieron que era hora de comenzar a bajar. Era un camino técnico (esa denominación la aprendí luego) con muchas rocas sueltas, surcos y barro por todos lados. Vi una colina pequeña y no lo pensé mucho, era una rampa perfecta, que te invitaba. tomé velocidad y la verdad no medí las consecuencias… Aterricé bien, y en dos ruedas. Es una paz increible la que se siente al volar, así sea un poquito. Un poco más adelante había otra loma parecida, que invitaba tanto como la primera.

Las manos me temblaban de la emoción y del miedo y del frio y de la tensión de ir frenando en la bajada. Y en mi segundo salto no tuve tanta suerte. Algo salió mal, y aterricé prácticamente con la cara en el barro. Y de ahí no recuerdo bien. Se que cuando abrí los ojos, lo primero que me pasó por la cabeza fue: “¿Me quedé paralitico?” e intenté mover los dedos de los píes. Y se movieron. Así que no estaba paralitico.

Tenía esta sensación horrible en la boca. Escupí. Era barro. O algo que parecía barro. Luego sangre, y saliva y más sangre. Y después me enteré que pedacitos de mis dientes también estaban en ese combo. Luego, algo tibio en mi cachete… Era Troz baboseandome la cara. Me tomó un tiempo ponerme de pie y tuve que usar la bici como andadera.

Después de un rato, me pareció oir una voz y pedí ayuda. Troz no era de confiar en extraños y decidió tomar cartas en el asunto: perseguir a la posible ayuda. Tuve que seguir solo hasta llegar a una casa en donde me conocían. Y me tranquilizó ver gente. Salieron en búsqueda de mi familia, y ahí se puso fea la cosa. Puedo jurar que el alma me dolía, porque era imposible que sólo el cuerpo me doliera así. Y hasta la lengua me dolía, porque un pedacito de ella era parte del combo de hace unas líneas.

De todas todas, creo que tenía una deuda con la raza perruna. Ayudé a un perrito hace un par de años en una pelea contra unos boxers, pero al parecer mi karma perruno tenía reservado un pequeño extra para mi hoy. En resumen, y para no hacer el post, los perritos de una amiga se perdieron entre unos matorrales detras de mi casa, y estaba haciendo frio. El macho volvió cuando lo llamé, pero la hembra sólo ladraba.

Después de abrirme paso entre un montón de ramas, caer por una zanja, visitar un nido de zamuros, y arrastrarme por ahí, no sin antes hacerme un par de razguños conseguí a la perrita mojada y sucia. Y yo me voy a dormir con los brazos vueltos leña y una sonrisa. Y los perritos tranquilos y calentitos. Karma perruno.

Han oído de esa historia que dice que sin los perros la evolución del Homo Sapiens no hubiera sido posible. En el fondo, se que es verdad…

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